Por: Enzo Galimberti.
Bolivia llega a las urnas este domingo con la sensación de estar cerrando una etapa y abriendo otra. No es una elección más. Tras años de tensiones políticas, crisis económicas y cambios abruptos de gobierno, el país se prepara para decidir entre dos proyectos que, aunque diferentes en estilo y estrategia, coinciden en un punto clave: ambos prometen reconstruir un país desgastado.
En el balotaje se enfrentarán Rodrigo Paz Pereira y Jorge "Tuto" Quiroga, dos figuras que, cada una desde su propia historia, simbolizan alternativas frente al ciclo político dominado por el Movimiento al Socialismo (MAS) durante casi dos décadas. Por primera vez en mucho tiempo, el nombre de Evo Morales no aparece en la boleta presidencial. Ese solo hecho ya marca el clima de época: Bolivia está en transición.
Rodrigo Paz representa una apuesta moderada. Habla de cambios, pero sin violencia institucional. Cree en darle más poder a las regiones, en promover alianzas público-privadas y en poner el foco en la economía productiva antes que en la ideología. Su discurso rompe con la confrontación clásica que dividía a Bolivia entre “masistas” y “antimasistas”. Intenta instalar otra narrativa: la del desarrollo desde abajo, evitando que La Paz concentre decisiones que afectan al resto del país.
Del otro lado, Jorge Quiroga llega con un tono más enérgico. No habla de reformas graduales, sino de “rescatar” la economía nacional. Promete ajustes, orden fiscal y apertura internacional para atraer inversiones. Sus críticos temen que su plan derive en medidas impopulares; sus seguidores lo ven como el único con decisión para enfrentar la crisis económica y recuperar la estabilidad perdida.
Más allá de las diferencias, ambos comparten un diagnóstico: Bolivia está atravesando un momento delicado. Faltan dólares, el costo de vida sube, la producción de gas que durante años sostuvo la economía—está en declive, y la escasez de combustible complica tanto a trabajadores como a empresas. Mientras tanto, el litio aparece como el gran tesoro nacional aún sin explotar plenamente. Lo llaman “el oro blanco”, y muchos creen que puede ser la llave para reposicionar a Bolivia en el mapa económico mundial. Pero la gran pregunta sigue abierta: ¿cómo aprovecharlo sin repetir la historia de dependencia externa?
Esta elección no es solo política; es profundamente social. Hay fatiga en las calles, desconfianza en las instituciones y una ciudadanía que no quiere volver al pasado pero tampoco sabe con claridad qué futuro elegir. El país está ante una encrucijada histórica y lo sabe. El voto de este domingo no será emocional como otras veces: será un voto que piensa en la mesa familiar, en el precio del pan, en el trabajo, en el futuro de los hijos.
Bolivia vota con esperanza, con dudas y con la sensación de que esta vez no hay margen para el error. El resultado puede cambiar el mapa político de la región y abrir una nueva etapa en la historia del país. Lo que viene después de las urnas está por escribirse. Y será decisivo.
Pronóstico: Gana Rodrigo Paz Pereira.
Bolivia llega a las urnas este domingo con la sensación de estar cerrando una etapa y abriendo otra. No es una elección más. Tras años de tensiones políticas, crisis económicas y cambios abruptos de gobierno, el país se prepara para decidir entre dos proyectos que, aunque diferentes en estilo y estrategia, coinciden en un punto clave: ambos prometen reconstruir un país desgastado.
En el balotaje se enfrentarán Rodrigo Paz Pereira y Jorge "Tuto" Quiroga, dos figuras que, cada una desde su propia historia, simbolizan alternativas frente al ciclo político dominado por el Movimiento al Socialismo (MAS) durante casi dos décadas. Por primera vez en mucho tiempo, el nombre de Evo Morales no aparece en la boleta presidencial. Ese solo hecho ya marca el clima de época: Bolivia está en transición.
Rodrigo Paz representa una apuesta moderada. Habla de cambios, pero sin violencia institucional. Cree en darle más poder a las regiones, en promover alianzas público-privadas y en poner el foco en la economía productiva antes que en la ideología. Su discurso rompe con la confrontación clásica que dividía a Bolivia entre “masistas” y “antimasistas”. Intenta instalar otra narrativa: la del desarrollo desde abajo, evitando que La Paz concentre decisiones que afectan al resto del país.
Del otro lado, Jorge Quiroga llega con un tono más enérgico. No habla de reformas graduales, sino de “rescatar” la economía nacional. Promete ajustes, orden fiscal y apertura internacional para atraer inversiones. Sus críticos temen que su plan derive en medidas impopulares; sus seguidores lo ven como el único con decisión para enfrentar la crisis económica y recuperar la estabilidad perdida.
Más allá de las diferencias, ambos comparten un diagnóstico: Bolivia está atravesando un momento delicado. Faltan dólares, el costo de vida sube, la producción de gas que durante años sostuvo la economía—está en declive, y la escasez de combustible complica tanto a trabajadores como a empresas. Mientras tanto, el litio aparece como el gran tesoro nacional aún sin explotar plenamente. Lo llaman “el oro blanco”, y muchos creen que puede ser la llave para reposicionar a Bolivia en el mapa económico mundial. Pero la gran pregunta sigue abierta: ¿cómo aprovecharlo sin repetir la historia de dependencia externa?
Esta elección no es solo política; es profundamente social. Hay fatiga en las calles, desconfianza en las instituciones y una ciudadanía que no quiere volver al pasado pero tampoco sabe con claridad qué futuro elegir. El país está ante una encrucijada histórica y lo sabe. El voto de este domingo no será emocional como otras veces: será un voto que piensa en la mesa familiar, en el precio del pan, en el trabajo, en el futuro de los hijos.
Bolivia vota con esperanza, con dudas y con la sensación de que esta vez no hay margen para el error. El resultado puede cambiar el mapa político de la región y abrir una nueva etapa en la historia del país. Lo que viene después de las urnas está por escribirse. Y será decisivo.
Pronóstico: Gana Rodrigo Paz Pereira.
